​¿Cómo acabar con la delincuencia?

No obstante ser un estado con abundancia de recursos naturales y hasta con un clima de privilegio, Morelos ha venido padeciendo de una progresiva marginación y empobrecimiento de sus ciudadanos; como ocurre prácticamente en todo el país.

El hombre crece y las oportunidades escasean, ¿pero porqué se ha caído en este retroceso o estancamiento?
En mucho porque se perdió compromiso y vocación de los políticos con el servicio público. Los impuestos que pagamos como contribuyentes ya no alcanzan para cubrir los lujos, ambiciones, diversiones y excesos de quienes gobiernan; y se dejó de trabajar por el crecimiento estructural que, a su vez, lleva a más inversión, mejores condiciones de vida y bienestar.
Bueno, cuando esos aventureros de la política se sintieron insatisfechos con lo que nos robaban comenzaron a corromperse, y a recibir dinero de la delincuencia, dejándolos trabajar; es así como llegamos a estos niveles de perversión y maldad en los que estamos.
¿Y, hay forme de recuperar decencia y calma? Las cosas no están nada fáciles, porque cual infante en la orfandad, los hogares comenzaron a desintegrarse, se disminuyó el nivel de decencia, honestidad, responsabilidad y la degradación tomó ventaja.
Volver a esos valores que nos inculcaron nuestros ancestros parece casi imposible; sin embargo, los caminos que quedan son pocos pero podrían funcionar.
Primero, hay que combatir la corrupción en el quehacer público, de direccionar programas y políticas oficiales para beneficiar a las mayorías; en busca de ofrecer mejor destino, sobre todo a las nuevas generaciones.
En concreto, reactivar la economía, transparentar el uso del dinero público para favorecer al mayor número posible de mexicanos. En una palabra, acabar con los malos gobiernos, producto de politiquillos vividores, como quienes se sirvieron con todo durante el sexenio que recién terminó.
No será pues con más policías y armas como podamos alcanzar la anhelada paz, los morelenses merecemos una vida mejor, y sobre todo representantes populares y servidores públicos que piensen en nosotros o por lo menos no se roben lo poco que hay, de otra manera, cada vez podremos estar peor.
¿Hacia allá vamos? Sigue siendo la esperanza de todos los que pagamos impuestos casi hasta por respirar, pero no se nos regresa nada, y hasta somos víctimas de persecución o amenazas si nos quejamos. El colmo es que ya hasta al crimen utilizan contra el pueblo.

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