¿ELECCIONES EN REDES?

A lo que la pandemia obligó

La pandemia del coronavirus COVID19 obligó a la humanidad a aplicar cambios acelerados sobre todo en la manera de comunicarse; las añejas formas de relación quedaron atrás en un altísimo porcentaje, y en México -una de las naciones con mayor índice de contagios y morbilidad- se tuvo que aprender en el camino a nuevas modalidades de interacción para que las autoridades cumplieran con obligaciones colectivas como la educación.

La tecnología a distancia en la comunicación parece haber llegado para quedarse, y ante la imposibilidad de desarrollar las clases presenciales en las escuelas se aplica desde casa vía las redes sociales y diferentes métodos o plataformas de comunicación basados principalmente en el internet.

Y así como ésta la cosa muchas otras actividades también deben realizarse por esta vía; pero por lo visto y, a diferencia de procesos anteriores, por ésta ocasión y por ahora los preparativos tanto de los partidos políticos, como de candidatos y de las mismas instituciones para la elección intermedia del 2021 se tendrán que realizar por lo menos en el arranque de la actividad en línea.

Es cierto que el uso de las redes sociales impactó ya de forma singular en los resultados de las justas políticas anteriores, sobre todo a partir del 2012 y más significativamente en el 2018, pero ahora la disposición de los órganos electorales hacia partidos y cuadros de competencia es que no pueden realizar campañas con muchas personas, y lo más aconsejable es que lo hagan a distancia.

Mientras la pandemia se mantenga en niveles tan delicados como hoy lo más aconsejable es mantener las distancias y aplicar toda clase de protocolos de prevención, y entonces serán aquellos aspirantes a cargos de elección popular que usen en mayor medida la tecnología y de forma correcta, los que lleguen a un mayor número de electores.

Claro, queda el recurso de la propaganda y publicidad tradicionales; es decir en el sistema de transporte, espectaculares, mantas o spots en radio, televisión o inserciones en medios de comunicación escritos, pero sólo los que están permitidos por la ley, ya que mítines masivos no se podrán realizar en un buen tiempo y eso seguramente se reflejará en los resultados de las votaciones en junio próximo.

El problema es que hay sectores en los que el uso de las redes sociales es escaso; o porque no cuentan con internet o porque simplemente no existe aún esa cultura de la comunicación, misma en la que niños, adolescentes y jóvenes de hoy ya son expertos, pero ellos no votan y entonces habrá más dificultades para llevarles los mensajes y las dádivas que antes se acostumbraba.

La enfermedad llegó a cambiar radicalmente las cosas, nos agarró desprevenidos y tuvimos que echar mano de toda clase de recursos para no quedarnos en el pasado; pero ahora hasta electoralmente se observarán modificaciones muy importantes en las campañas, y donde la tecnología será el instrumento más valioso, aquellos que lo sepan usar mejor llevarán ciertas ventajas. ¿No lo cree?

¿LIBERTAD DE EXPRESIÓN?

*Una farsa, en México y casi todo el mundo

Como cada 7 de junio se escriben muchas páginas, comentarios y referencias sobre la conmemoración del Día de la Libertad de Expresión o de Prensa; sin embargo, podríamos considerar que es una farsa, porque en su inmensa mayoría los medios de comunicación masiva más bien desinforman y confunden.

Cabe aclarar que salvo algunas empresas, la mayoría son dependientes de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial; son instituciones supuestamente al servicio de la sociedad, pero su existencia económica se da en función del dinero público; de ahí en fuera, el resto de los medios son empresas privadas que de algo tienen que vivir.

Por eso es aceptable -y mucho mejor- que entren en acuerdos comerciales, tanto con las instituciones gubernamentales como con el sector privado; para la promoción y publicidad de temas de su interés; sin embargo, el problema viene cuando los editores comprometen toda la edición o publicación con tal de obtener algún convenio de cierta relevancia o monto económico.

Es decir, el gobierno, el Congreso, el Poder Judicial pueden adquirir paquetes publicitarios permanentes por un espacio o tiempo determinado en medios escritos o ahora electrónicos, pero para que la gente se entere de un acontecimiento, concurso o disposición gubernamental, pero eso no tendría por qué llevar a un control total de la información que abordan o de toda la edición.

Es decir, en los demás espacios del medio tendría que poderse criticar o cuestionar a las instituciones, funcionarios o representantes populares si no están cumpliendo con su deber.

Pero eso no ocurre la mayoría de las veces, y hoy lo vemos muy claramente. Las notas principales suelen ser aquellas dictadas por las áreas de comunicación social de los tres poderes de gobierno o por poderosos personajes de la Iniciativa Privada, grupos de poder político (llámense dirigentes de partido, diputados, senadores, alcaldes), que así controlan a las masas populares para mantener o en su caso alcanzar posiciones y poder político o económico.

¿Y el pueblo? bien gracias, y como dirían añejos y mañosos políticos de antaño ¿cuál pueblo? mostrando así su desprecio por el sentir colectivo, y dando fe de que la política en éste y muchos países del mundo es una acción generalmente aplicada en sentido contrario a lo que debe ser, generar el bien común; la justicia y la igualdad.

Tristemente, de todo ello somos cómplices como medios informativos, nos prestamos a toda clase de componendas y se obedece a quienes pueden pagar; casi siempre con dinero del erario, por difundir mentiras o verdades a medias; traicionando a una ciudadanía que con justa razón ha dejado de creer en nosotros y en sus autoridades.

¿Cuál libertad de expresión? son contadísimos aquellos espacios en los que todavía se puede confiar un poco, y no sólo hablamos de medios locales, veamos cómo se encuentran de pervertidos la mayoría de los que tienen un alcance nacional (que dicho sea de paso también son muy pocos).

Quizás usted, poco inmerso en lo que ocurre en los medios masivos de comunicación, no entienda algunas cosas porque no es su tarea estar atento a ello, pero cuando se tiene alguna noción de cómo están las cosas, las evidencias de los manejos tendenciosos de noticieros televisivos, radiofónicos o de prensa escrita se notan.

Hace unas semanas cobró fuerza aquello de que el ex presidente Felipe Calderón Hinojosa, de acuerdo con fuentes informativas de la Casa Blanca y sus brazos de investigación en Estados Unidos y fuera de su país, sabían perfectamente lo que hacía quien fuera el jefe policiaco en ese momento Genaro García Luna, presuntamente coludido y acusado ahora por su relación con los grupos de la delincuencia organizada.

Eso es un tema de mucho impacto nacional e internacional por lo que implica para un ex presidente y uno de sus principales colaboradores en el área de la Policía; y pues buena parte de los medios de información lo omitieron; no lo abordaron ni mencionaron, prefirieron abordar asuntos de escasa relevancia contra el actual presidente Andrés Manuel López Obrador, bueno, un dizque “connotado comunicador de radio” optó por hacerle una entrevista a Felipe Calderón sobre su libro publicado recientemente «Decisiones difíciles» para darle publicidad, en lugar de cuestionarlo sobre lo que se había revelado en Estados Unidos.

¿Qué evidencia eso? pues que el ex presidente sigue pagando facturas en medios de comunicación, y así con muchos otros espacios más. Hay una revista semanal que se ha caracterizado por manejar temas muy interesantes y casi exclusivos respecto a acciones de corrupción de los gobiernos en turno, inéditamente en la edición de éste fin de semana, cuando el caso Jalisco, el asesinato de un joven y otros hechos era lo trascendente, se va también contra la figura presidencial y no toca ese tema tan importante. ¿Casualidad?

Y tampoco estamos en contra de que se enjuicie y cuestione el trabajo de la actual figura presidencial; se tiene que hacer, pero hay sucesos que dan fe clara de cómo los medios de comunicación masiva operan en función de sus intereses económicos, sirven al patrón que les paga más, y hacen de la libertad de expresión una auténtica burla.

Por todo esto, simplemente diríamos ¿cuál libertad de expresión? y en todo caso ¡para qué se ha utilizado de manera recurrente éste término?, porque si un tres o cuatro por ciento de quienes se dedican a informar buscan equilibrar su trabajo o cumplir con su compromiso social de orientar informativamente al lector, es mucho decir. Es pura componenda y negocio, que a veces llega a la protección misma de las mafias y los delincuentes de cuello blanco o de la delincuencia.