¿QUÉ HACEMOS?

El vicario general de la Diócesis de Cuernavaca, Tomás Toral, ofreció esta semana una rueda de prensa en la que confirmó que un catequista adscrito a la parroquia de Guadalupe en el centro de Cuernavaca fue detenido como parte de una red de posible trata de personas y pornografía infantil.

La investigación forma parte de un esfuerzo internacional en contra de estos crímenes y no tiene muchos días que también se dio a conocer en el estado los casos de jovencitas que habían sido recuperadas en Estados Unidos, después de ser víctimas de trata.

Estos casos tan cercanos a nosotros deben abrirnos los ojos sobre los problemas que estamos enfrentando como sociedad y sobre todo los peligros que rodean a nuestros hijos e hijas, sí, porque no sólo son las mujeres las que pueden estar expuestas a ellos sino cualquiera.

A esta terrible realidad se suman los casos de feminicidios que se han presentado también de forma reciente tanto en Morelos como en el país, donde cada vez nos sorprende más la crueldad del actuar o la sangre fría para atentar contra una persona.

No es posible, en verdad tenemos que sacudirnos y condenar esas conductas, pero sobre todo revisar qué estamos haciendo como padres, de qué cosas permitimos que se rodeen nuestros hijos, del tiempo que les dedicamos y los ejemplos que tienen.

El sacerdote José Alfredo, uno de los detenidos por la Fiscalía General de la República (FGR) acusado de pornografía infantil, daba los estudios de catequesis a niños y niñas en el zócalo de Cuernavaca, principalmente a niños que viven prácticamente en las calles porque sus padres son artesanos migrantes del vecino estado de Guerrero y los llevan consigo para ponerlos a trabajar.

De acuerdo con lo que dieron a conocer los responsables de la Diócesis de Cuernavaca este personaje trabajaba desde hace unos cinco años de manera itinerante en las parroquias, así que sería difícil calcular a cuántos perjudicó.

Tomás Toral dijo que no existe ninguna denuncia ante las autoridades eclesiales, pero pidió que en caso de que haya algunas apoyarán en lo posible la investigación.

Es un principio, la iglesia católica salió a dar la cara sobre el caso y eso nos reconforta, que no se haya tratado de ocultar o negar el caso como en otras ocasiones, pero insisto, hay que valorar a qué están expuestos nuestros menores y adolescentes, qué hacemos para protegerlos y prevenirlos de estos males.