LAS COSAS ESTÁN DIFÍCILES PERO…

*Aquí nos tocó vivir

El estado de cosas en Morelos es por demás difícil, no se ve por dónde se logre enderezar el destino de una entidad, que hace ya unas décadas llegó casi a ser ejemplo de trabajo y desarrollo en el contexto nacional.

De haber sido un estado de paso en la comercialización y destino de drogas, provenientes del vecino estado de Guerrero, pasó a ser un territorio de consumo, en el que grupos de la delincuencia organizada se establecieron para minar la tranquilidad que se tenía.

Muy notorio fue el cambio que se vivió a partir del asesinato de Arturo Beltrán Leyva en el 2009, desde entonces el fuego cruzado y los asesinatos crecieron alarmantemente; es decir, llevamos casi once años en los que han muerto miles de personas en la entidad -y no exagero-, la absoluta mayoría jóvenes de entre 15 a 28 años.

Nos ha ido muy mal, el saldo es desafortunado porque igualmente se multiplicaron los secuestros, el robo de autos, los feminicidios, el atraco en bancos o fuera de ellos y el cobro de piso a toda clase de negocios. Esta situación ha llevado al cierre o quiebra de quizás el 50 por ciento de la planta productiva y económica en la entidad.

¿Cuál es el precio pagado en dinero, empleos e inversiones en estos once años para Morelos? seguramente nadie podría ofrecer una cifra confiable, porque son tantos los factores que inciden en el detrimento económico que se antoja imposible medir el daño.

Lo que sí podemos afirmar es que esta tierra no merece ese destino, es inconcebible ver a una entidad con tantos antecedentes históricos, gente de lucha desde la Independencia del país hasta la Revolución Mexicana, y que actualmente sea víctima de toda clase de delincuentes que, en complicidad con las autoridades en turno, en los tres niveles de gobierno encontraron el amparo y protección para hacer de las suyas.

Por Dios que los morelenses no nos merecemos esto, porque hemos entrado en un círculo vicioso; la ausencia de oportunidades de empleo bien pagado por el cierre de negocios, empresas, hasta changarros; limita cada vez más lograr alguna  contratación laboral siquiera de regular ingreso.

Las nuevas generaciones así sean egresados de universidades públicas o privadas con profesión y todo andan en el desempleo, o terminan desarrollando cualquier actividad remunerativa aunque no sea su área, ante la imposibilidad de alcanzar algo que corresponda a su preparación.

Sin duda que una de las épocas de mayor desarrollo y prosperidad de la entidad se dio durante el ya muy lejano sexenio de Lauro Ortega Martínez entre 1982-1988; cuando había inversiones, paz y tranquilidad, trabajo de gobierno, solución de la mayoría de los problemas sociales, pero desde ahí a la fecha se inició la decadencia.

El asesinato de Beltrán Leyva dividió ese cártel en «Rojos» y «Guerreros», se disputaron una parcela que en un tiempo era de todos ellos; porque ambos grupos criminales venían del cártel de los Beltrán Leyva, heredero del control en la zona del cártel de Sinaloa.

La preocupación es que tras 11 años de sangre y fuego, y no se observa algún avance sustancial al control de esa situación, ni persecución o sanción a quienes siguen sembrando el terror. Ya llevamos algunas generaciones de jóvenes perdidas, el estado se debate en la debacle, la pobreza, el miedo, el decrecimiento y la matanza continú,a.

Las instituciones competentes en la materia se aprecian frágiles, y hasta coludidas con los enemigos públicos, particularmente la Fiscalía General de Justicia, porque el fiscal, Uriel Carmona Gándara sigue obedeciendo a los intereses del ex gobernador Graco Ramírez, a quien le interesa desestabilizar a Morelos, con la esperanza de que su figura resurja de las cenizas.

PAÍS AL BORDE DEL QUEBRANTO

La única realidad es que al paso de los años, con la complacencia y complicidad de las autoridades de todos los niveles, se dejó crecer al monstruo hasta hacerlo indomable.

¿Quiénes permitieron el terror?

A estas alturas resulta casi imposible cuantificar el número diario de víctimas de la delincuencia, hay muchas que no se suben a las estadísticas; y fácilmente se podrían duplicar las cifras oficiales.

Como ciudadanos podemos decir que vivimos en medio del terror, con miedo e impotencia ante tantos hechos inhumanos, que siguen cobrando vidas a lo largo y ancho de la nación.

Para el caso de Morelos sí tenemos claro el parteaguas, un antes y un después, y este se dio a partir del asesinato -por parte de fuerzas federales-, de quien fuera el líder del Cártel de «Los Beltrán», Arturo Beltrán Leyva; ocurrido en las torres departamentales de «Altitude», en el año 2009, aquí en Cuernavaca.

Para el caso nuestro éste fue el inicio de «el calvario» que hoy padecemos de inseguridad y violencia.

Todo lleva a pensar que las «instituciones competentes» están rebasadas y que, como ciudadanos, estamos indefensos porque los criminales se mueven y actúan con absoluta impunidad.

Según el ex presidente Felipe Calderón que inició una «guerra» contra los mañosos; sin estrategia. Y hoy sabemos que incluso podría haber sido para proteger cárteles como el del «Chapo» Guzmán, con quien colaboraba nada menos que el entonces jefe de la Policía Federal, Genaro García Luna.

Claro, narcotráfico siempre ha existido en México, y muy visible desde décadas atrás; por ahí a partir de los 80´s, en el siglo pasado, en Morelos se empezó a hablar de la presencia de bandas y del territorio.

Pero a nivel nacional, fue con el comienzo del mediocre gobierno del ex presidente Felipe Calderón Hinojosa, 2006-2012, que las cosas se descompusieron.

Pero por lo menos había control vía «acuerdos y pactos» con los delincuentes; en éstos momentos los maleantes pululan por todos lados; cometen delitos graves a todas horas con armas largas y no le temen ni al Ejército ni a la Marina, los policías estatales y federales, son la burla de ellos y se mueren de la risa.

¿Habrá en el mediano plazo un poco más de control?

Tal vez, en menor grado, pero ahí estarán. En esta materia está científicamente probado que sin complicidad gubernamental, el de luto sería casi inexistente.

Así como están las cosas, francamente no vemos cómo.

Y, no obstante que desde el gobierno federal se sostiene que ahora sí se acabaron las componendas entre policías y delincuentes, seguimos viendo señales contrarias; claro que siguen las complicidades.