LA TOLERANCIA DEBE TENER LÍMITE

Inaceptable agredir al Ejército o la Marina

De unos meses a la fecha, se han registrado agresiones a elementos del Ejército en diferentes partes del país como en Oaxaca, Michoacán y Guanajuato; esto, por parte de individuos con presuntos antecedentes delictivos, turbas de delincuentes comunes, hechos que han sido incluso objeto de críticas.

Es muy lamentable que estemos llegando a tanto, porque lo anterior muestra claramente que se le viene perdiendo respeto a quienes representan instituciones, hasta hace algunos años, casi sagradas para los mexicanos; por lo que representan.

Quienes han llegado a este atrevimiento lo hacen además conscientes de que difícilmente, a pesar de las agresiones, tendrán una respuesta por parte de los militares; porque la instrucción superior es evitar al máximo ese tipo de provocaciones, sin embargo, tampoco se puede permitir tanto.

Más aún, casi en todos los casos han surgido a partir de acciones a fin de impedir actos de corrupción, como en el caso de la extracción de “huachicol” de los ductos de PEMEX.

Es decir, ya quienes cometen esas arbitrariedades al verse descubiertos, en lugar de pedir disculpas a los mexicanos -porque es robo a la nación-, se atreven a enfrentarse a las autoridades, y francamente es no tener moral, respeto, ética o cualquier otro valor del ser humano.

En el más reciente suceso, la reacción ante la presencia del Ejército vino no sólo de algún grupo de jóvenes atrevidos, fue la posición de una comunidad entera, o sea, padres, hijos, hermanos, vecinos; lo cual refleja el nivel de descomposición que exhiben sectores sociales en su conjunto.

Desde el hogar, el padre y la madre no sólo no corrigen, orientan y dirigen a sus hijos, sino que los acompañan a cometer delitos, todo está perdido. Es por eso que éste país se hunde en la mal vivencia.

Y no es válido aquello de que se hace por necesidad, porque muchos en esta nación nacimos en cuna humilde y con base en el esfuerzo, con sacrificio desde muy temprana edad trabajamos, pero éramos incapaces de hacerle daño a nadie y menos de buscar el camino fácil, como sucede hoy día con frecuencia.

Es decir, ser pobre no es sinónimo de ser delincuente, por el contrario, es aún en esas regiones de provincia y escasa modernidad, donde aún se comparte el calor humano, la hermandad y bondad entre ciudadanos.

Ante este tipo de acciones no admitimos justificaciones porque reiteramos, surgimos del sacrificio, pero con respeto y guía paternal o maternal; cualquier exceso es objeto de correcciones muy duras, ya que entonces no había normas tan flexibles y comisiones de derechos humanos que hoy parecieran ser parte del conflicto, impidiendo cumplir con sus tareas como era en aquellos tiempos.

Tampoco somos partidarios de la agresividad de las autoridades, cuando no existan motivos, porque igual nos parece que en medio de todo este enredo cualquiera puede violentar el derecho de los demás, argumentando la defensa de los suyos, como en el caso de bloqueos viales a propósito de lo que ha pasado últimamente en el estado.

La ley es clara, tus derechos llegan hasta donde comienzan los míos, pero simplemente se justifican el derecho a la libre manifestación. En concreto, hay quienes llegan al extremo de agredir a nuestras fuerzas armadas e intentar persuadirlos de delinquir, hay que ponerlos tras las rejas y sin consideración, ¡basta de excesos!

La Marina y el Ejército, son las únicas figuras que han logrado mantener el respeto del pueblo mexicano por su loable labor en defensa de los intereses del país, que son los nuestros y, por lo tanto, no estamos de acuerdo con quienes lejos de disculparse, buscan la violencia.

El respeto se gana, y ese tipo de individuos delincuentes, no merece ningún respeto nuestro. ¿No le parece?