PARTIDOS, REHENES DE GRUPÚSCULOS

Morena no escapa a esta enfermedad

El ejercicio del poder público es algo que llega a envilecer a muchos aprendices de políticos que, una vez alcanzada alguna posición relevante, intentan a toda costa perpetuarse o eternizarse en ella por las ventajas -sobre todo económicas- que ofrece el ser parte de las nóminas gubernamentales.

Pero no sólo a nivel individual ocurre lo anterior; con el paso de los años se llegan a conformar grupos monopólicos que se van adueñando de las decisiones de los partidos políticos hasta convertirse en el fiel de la balanza a la hora de definir candidaturas durante los procesos electorales, como el que ahora se avecina en Morelos para la renovación de alcaldes, diputados locales y federales.

Bueno, el ejemplo más claro de lo anterior es lo que pasó en el Partido Revolucionario Institucional (PRI) donde la presencia de dichos grupos antagónicos llegó al extremo de buscar la eliminación del contrario así fuera a costa del asesinato; en ese escenario se inscriben ejecuciones como la del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio en 1994 y la de quien fuera secretario general José Francisco Ruiz Massieu.

Podemos afirmar que la debacle del otrora poderoso instituto político fue causa de esas luchas internas, perpetradas por poderosos personajes que prefirieron acabar con «la gallina de los huevos de oro» y negociar por otro lado, que ceder espacios a corrientes contrarias dentro del mismo partido, y hoy lo único que dan es lástima.

Pues esto se viene reproduciendo casi en la mayoría de esas instituciones políticas; poniendo en riesgo victorias electorales al anteponer los intereses de familiares y amigos a los de las bases y la militancia; que como tal también merecen ser incluidas en la repartición de las candidaturas fortaleciendo así las posibilidades de triunfo.

Lo venimos observando en el Comité Directivo Estatal (CDE) del Partido Acción Nacional (PAN); los tres hermanos Martínez Terrazas desde que asumieron el control de la dirigencia estatal se han auto-asignado las mejores y más seguras candidaturas o sea las plurinominales, han actuado por conveniencia y sólo han cedido otras posiciones que pueden fortalecer sus intereses familiares y personales; dejando las posiciones de menos trascendentes a cuadros cercanos, eso les va a costar el pago de algunas facturas en la elección, ya lo verán.

En el Revolucionario Institucional local (PRI) desde hace años dos o tres figuras hicieron lo propio; más aún sigue ocurriendo, y el resultado es el que conocemos, un instituto que pudiera incluso llegar a perder el registro porque no sólo dejaron en manos de un Jorge Meade Ocaranza o Amado Orihuela Trejo su destino, sino que entregaron la plaza completa a quien gobernó en el pasado reciente, Graco Ramírez Garrido a través de su hijastro Rodrigo Gayosso.

El actual dizque dirigente estatal Jonathan Márquez es un individuo que sirve a los intereses de Gayosso, él lo puso como presidente del tricolor y por eso es que van aliados con el PRD a esta contienda; aunque de los dos organismos políticos prácticamente no se hace uno, “están para el arrastre” y también lo vamos a ver en los resultados de la justa en puerta.

A pesar de su corta edad el partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) no ha escapado a ésta enfermedad desde su nacimiento; contó con dueños en la entidad en la familia Salazar Solorio encabezada por el hoy Subsecretario de Gobernación federal, Rabindranath, su hermano hoy senador Radamés y su otro hermano Debendranat.

Rabín fue el primero en beneficiarse de una cercanía con el ahora presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador e inició con una senaduría; en la siguiente elección heredó esa posición a su hermano Radamés quien termina en ese puesto de «representación» en el 2024, pero para la intermedia próxima vienen impulsando al otro hermano, Debendranath como candidato a una diputación federal.

Si las cosas se dan ¡pues qué cómodo! Rabín en el gabinete federal como Subsecretario, el otro en el Senado y el tercero en el Congreso de la Unión. Pero no es todo, también vienen «apadrinando» a quienes les han servido y apoyado desde abajo para consolidar el grupo familiar.

Es así que en la elección anterior lograron meter como diputada local a Alejandra Flores Espinoza, quien hacia el seis de junio de este año busca la candidatura también a una diputación federal por Cuernavaca, su papá Luciano Flores y que es funcionario actualmente en el Ayuntamiento capitalino, así como a su pareja sentimental Omar Barrera; es decir un partido para bien de unos cuantos.

A esto hemos llegado, esas son las instituciones políticas que dejaron de ser del interés público para ser solamente de interés personal o familiar.