POLÍTICOS VIVIDORES

El de Graco, gobierno delincuente

Muy raras excepciones

Por lo menos desde hace unas dos décadas, de acuerdo a los antecedentes, nuestro país políticamente ha estado en manos de sujetos despreciables, individuos sin moral, ética o compromiso con un pueblo, que han sistemáticamente agraviado y despojado de lo que como parte de la nación nos pertenece.

Interesante artículo se publicó en torno a la corrupción en México por “Voces del Periodista”; que da fe de hechos a lo largo del territorio nacional durante los últimos 90 años y de la actitud de quienes han encabezado las instituciones públicas. La conducta ha sido más o menos la misma; enriquecerse sin ningún escrúpulo ni remordimiento a costa del trabajo y el esfuerzo de una sociedad cada vez más empobrecida por la voraz ambición de esos anti mexicanos.

Hablemos del Fobaproa, de la venta de estructuras que en su oportunidad eran manejadas por el Estado, como el sistema bancario o de la telefonía. Se han robado los ahorros de los trabajadores a partir del Fondo para el Retiro; vendieron ya el 90 por ciento de la infraestructura petrolera; se ventilan saqueos y cuantiosos desvíos en la Comisión Federal de Electricidad y los programas sociales eran lavaderos de dinero, porque el apoyo nunca o muy poco llegaba a la gente, y así podríamos continuar con la larga lista del robo constante e histórico hacia todos nosotros.

Convertidos en refugio de facinerosos y rufianes de cuello blando, las principales figuras de los partidos políticos se protegían entre sí, se vigilan mutuamente, pero no para cuidar que sus cuadros en el ejercicio del poder trabajen con honestidad; sino para aprovechar cualquier error o delito, para pactar y negociar. Guardar silencio a cambio de posiciones y dinero.

Sin embargo, son las administraciones de los ya ex presidentes, Carlos Salinas de Gortari, Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto, las que se significaron por los mayores escándalos de corrupción, y los grandes asesinatos perpetrados desde el poder, al final del periodo de Salinas.

Los otros presidentes de esta corriente, Miguel de la Madrid Hurtado y Ernesto Zedillo Ponce de León, fueron tan mediocres que ni siquiera son recordados hoy día.

Pero si el lodo y la corrupción política producto de mafias en la cúpula partidista fuera poco desmantelaron gradualmente al país entero. En los estados se seguían los mismos ejemplos. Morelos no logró escapar de esas lacras y el ejemplo más grande de politiquillos sin vergüenzas y rateros al más no poder, estuvo en Graco Ramírez Garrido Abreu.

Su sexenio alcanzó lo inédito en el hurto del dinero público, durante esos seis años manejó un presupuesto por encima de los 140 mil millones de pesos y sólo como recurso estatal. Y yo le preguntaría a usted:

¿Cuál es su legado en inversión e infraestructura estatal para los morelense? pues personalmente no veo nada y si alguien dice que el estadio de fútbol en Zacatepec o el museo Juan Soriano, sólo le respondería que de la primera obra se robó algo así como 400 millones de pesos y de la otra obra casi la mitad de su costo.

Lo poquito que hizo fue para aplicarle un 30 por ciento de moche, con una red de rapiña manejada por el hijastro Rodrigo Gayosso.

Pero tampoco tenemos que hacer referencia al pasado, el señor montó un andamiaje casi perfecto a través de politiquillos formados a su semejanza, para que le sigan cuidando las espaldas, y así podemos enumerar a Tania Valentina Rodríguez Ruiz, que encabeza una pandilla desde el Congreso local, descaradamente lo defienden y buscan desestabilizar a la entidad; los fiscales General de Justicia, Uriel Carmona Gándara y el Anticorrupción, Juan Salazar Núñez, aunque sigan negando sus nexos, son evidentes.

Escondidos como lo que son, delincuentes, muchos otros sujetos de marras nada más hacen lo que Graco les ordena desde diversas trincheras.

Hay pues ratas disfrazadas de «servidores públicos» por todos lados, dejadas ahí estratégicamente por el ex gobernador para continuar haciendo daño, no a quienes lo sucedieron porque finalmente ellos como quiera que sea están bien, sino a un pueblo que en mal momento les confió esta sufrida entidad.

Del tabasqueño podríamos medio entender su desamor por Morelos, finalmente se distinguió toda la vida por ser un caza fortunas y mercenario político,  pero no aceptamos a quienes siendo avecindados o nativos de esta entidad; sigan obrando con tanta perversidad y saña, defendiendo a quien llegó a hacer fortuna para muchas generaciones de su familia y sabedor de que ya no tendrá más oportunidades se llevó a manos llenas.

A esos demagogos y falsos redentores los debemos calificar como traidores a esta sociedad, que deberá mostrar algo de pudor y tenerlos vigilados para que no intenten seguir en el ejercicio del poder. Por eso es tan necesario una reforma en materia electoral, para acabar con los trepadores, aquellos que por la vía plurinominal subsisten sin un solo voto popular, por ser nominaciones únicamente de su partido.

Maldita corrupción, sigue sigilosamente haciendo daño desde diversas trincheras, parece una historia sin fin porque no hemos -como electores- sabido distinguir a los malandros de la gente decente.

El Congreso local sigue paralizado precisamente por esos despreciables actores que, incluso coludidos con la delincuencia organizada, cínicamente manejan un discurso contrario a sus acciones. Morelenses, habrá que quitarles las máscaras y evidenciarlos como lo que son, vividores y traidores a nuestra patria chica.