¿Autoridad incapaz o negligente?

enrico cuernavaca

La semana pasada iniciamos con la noticia de que por fin había sido localizado el cuerpo de un personaje emblemático de Cuernavaca, tras más de un año de su desaparición. Nos referimos a Enrique Garfias González, qepd.

Así es, en este lamentable hecho se vuelve a confirmar la indolencia, pero sobre todo la negligencia de las autoridades de diversos niveles como es seguridad; pero también auxilio a víctimas y principalmente la Fiscalía General, que tuvo los restos más de un año sin identificar.

“Enrico” como era conocido por muchos a quienes seguramente enseñó a bailar y acompañó en su vida, desapareció el 10 de octubre del 2016 y fue hasta el 22 de enero que sus familiares tuvieron sus restos óseos, por la insistencia que tuvieron para que se practicaran exámenes de ADN a un cráneo encontrado dos meses después de su desaparición en una barranca de la zona de la colonia Antonio Barona.

Este hombre de 88 años que por más de 20 años fue reconocido por organizar clases de baile, sobre todo danzón en el Jardín Juárez y la Plaza de Armas de Cuernavaca, por fin fue identificado después del esfuerzo de sus familiares y amigos que emprendieron una campaña en su búsqueda al día siguiente de su desaparición, tapizando las calles del centro con fotocopias con sus fotos.

Nuevamente, como en el caso que llevó a su punto máximo el enfrentamiento entre el gobernador y el ex rector Alejandro Vera quien aseguró que el gobierno tenía fosas clandestinas, descubrimos que si bien no se trata de enterramientos clandestinos sí son procedimientos negligentes que no cumplen con un protocolo para catalogar e investigar verdaderamente la identidad de los cuerpos de víctimas localizadas, y mucho menos el cotejo con la base de datos de los desaparecidos como dice la ley.

A menos de un año de concluir el sexenio, poco o nada se ha hecho para poner orden en esa institución que es la Fiscalía General, que a pesar del cambio de nombre lleva años sumida en la negligencia, ineptitud e incapacidad; sin mencionar la corrupción que nos ocasionó hace 20 años el ver en la cárcel acusados de asesinato y complicidad al procurador, a su director de policía y su comandante antisecuestros o el entierro hace tres años de más de un centenar de cadáveres y restos, que fueron enviados a fosas comunes por errores de administración y sin identificar y cumplir con los protocolos nacionales e internacionales.