DESIGUALDAD SOCIAL

*Enseñanzas de la pandemia

A pesar de que los efectos del coronavirus aún siguen en niveles muy elevados de afectación en la mayor parte del territorio nacional; ya las autoridades federales de salud y la presidencia de la República programan el regreso a la “Nueva Normalidad». Ello, en lo que se refiere sustancialmente a dos aspectos que explicaré a continuación.

El regreso paulatino en algunas actividades de carácter económico y laboral, y aquel referente a que las personas podrían iniciar algunas rutinas escasamente masivas y, desde luego; comenzar a salir fuera de sus hogares aplicando medidas preventivas de contagio, esto sólo para los estados y los municipios que logren colocarse en los colores verde y amarillo del semáforo.

Existe mucha ambigüedad en ambos casos; de entrada no todos vamos a reactivarnos de manera simultánea en el país, tendrá que ser de acuerdo con las condiciones que se viven en cada estado o municipio, porque hay casos como Morelos donde pareciera que “la cosa” va para largo por el número de contagios que tenemos, siendo un estado tan pequeño.

En este tema del «Quédate en casa» se pueden ver desigualdades bastante claras que dan fe de que, en efecto seguimos en un entorno con distintas clases sociales y muy diferentes niveles de pobreza que, para casos como el que nos ocupa, no es lo mismo una familia pobre en las ciudades; que en los pueblos pequeños o de provincia.

Por eso, y a pesar del riesgo de contagio, nunca dejamos de ver personas viajando en el transporte público; caminando por las calles en aparente desobediencia de las reglas sugeridas por las instituciones de salud. Esto desde luego viene provocando reacciones de toda naturaleza desde enojo de quienes sí cuentan con las circunstancias económicas más favorables para quedarse en casa, hasta aquellos que viven con alguna enfermedad o pariente con un padecimiento pre-existente o congénito que los hace más vulnerables.

Incluyo expresiones agresivas y acusando a aquellos de ser los responsables de lo que puede pasar, pero ciertamente que cada uno enfrenta condiciones bastante diferentes y lo decíamos; puede haber familias muy pobres en los poblados o rancherías pequeñas, pero ellos tienen una enorme ventaja frente a los pobres de las ciudades, en sus patios pueden tener animales de corral y sembrar un arbolito de alguna fruta o verdura.

Ellos sin riesgo alguno tienen un enorme espacio en su derredor, pueden salir al campo sin encontrarse con nadie si no lo quieren, y se saben a salvo a pesar de que cuenten con una choza como habitación.

En cambio los pobres de las grandes ciudades, aquellos que viven en vecindades o edificios multifamiliares por ejemplo, donde se cuenta incluso hasta con un solo baño común para muchas familias; donde el único espacio es un reducido patio colectivo donde juegan los niños, ahí sí deben estar padeciendo casi un infierno, y es lo que se tiene que valorar cuando se les juzga.

Por todo eso, y viendo la desigual afectación que tenemos, es que urge el regreso a la «Nueva Normalidad»; pero hay otro rubro no menos importante como es el educativo, donde igualmente cada alumno, sea de kinder o de universidad, vive situaciones especiales e igual que en la reflexión anterior, no es lo mismo para quienes van a escuelas privadas que a públicas.

Tampoco para aquellos que viven a zonas urbanas y los que vienen en el interior de un estado. En este campo, por tratarse de algo nunca vivido, se tuvo que echar mano de la tecnología para seguir adelante con el ciclo escolar, pero ahí es donde se encuentran las grandes diferencias.

La mayoría de los profesores de los planteles privados y sus estudiantes disponen de instrumentos tecnológicos más avanzados en comparación con las escuelas públicas y es entendible; la educación particular cobra colegiatura, es un negocio y dependiendo del tamaño de este hay dinero para la adquisición de sistemas modernos de comunicación.

Pero en el sistema educativo estatal o federal que atiende masivamente a la población sólo se pagan pequeñas cuotas para artículos de limpieza y necesidades menores de la escuela; lo demás es gratuito y el dinero tiene que venir del Estado o apenas si alcanza para el pago de maestros, y para medio mantener la infraestructura.

Lo que sabemos con el caso de la pandemia es que a pesar del esfuerzo del IEBEM, por ejemplo para mantener conectados a los estudiantes desde casa con la televisión o medios digitales es casi imposible, porque hay un considerable número de niños y adolescentes de quienes no se sabe nada desde que se suspendieron las clases de salón porque seguramente no tienen los medios ni la condición para cumplir con el programa educativo a distancia. ¿En qué condiciones de aprendizaje regresarán éstos pequeños o los adolescentes? pues desafortunadamente en pésimas circunstancias, porque en sus casas no hay internet para recibir clases ni hacer las tareas vía celulares es práctico. Somos pues un país con muy marcadas desigualdades todavía, y ello ha hecho que cada uno de los mexicanos vivamos la pandemia de distinta manera ¿No le parece?

Niega UAEM apoyo a presuntos feminicidas

La secretaria general de la UAEM, Fabiola Álvarez Velasco negó que la institución que representa haya asumido la defensa legal de estudiantes detenidos en relación con la desaparición y muerte de una joven, y precisó que son dos y no tres quienes están bajo investigación.

De la misma manera en que se dió a conocer el rechazo de la máxima casa de estudios morelense a la presunta autonomía universitaria, a través de un comunicado, pero esta ocasión firmado por la funcionaria, se informó que sólo se intervino en apoyo al tercer estudiante detenido por error.

La secretaria general se pronunció por que la autonomía no sea un estado de excepción, ni refugio protector de ilícitos, y condenó los hechos criminales que se realizaron en contra de la joven Mariana por lo que pidió una investigación rigurosa.