SIGNOS POSITIVOS, PERO…

Hambre, muerte, dolor

Los efectos de la pandemia por el COVID-19 muestran ya una clara tendencia a la baja a nivel nacional pero particularmente en Morelos; por lo menos en el número de decesos y de contagios diarios, aunque hay que decir que así sea uno sólo caso diario, es lamentable.

Pero de ninguna manera estamos como hace unos dos meses o más, cuando durante tres días seguidos en promedio se presentaron 100 casos fatales; por ahora, esa cifra no supera los diez y casi siempre anda alrededor de los cinco.

Lo mismo sucede en lo que se refiere al contagio; aunque derivado de la puesta en marcha del foco naranja la entidad reflejó un repunte sustancial (como nos habían dicho), y hay quienes advierten que en éste momento las cosas siguen delicadas y estamos en un punto clave porque mucha gente bajó la guardia y obviamente volvieron a subir las cifras.

Como quiera que sea, vamos a la baja y se ha notado ya casi las últimas tres semanas y se espera que pronto podamos vivir en la Nueva Normalidad, porque acorde con quienes saben de esto; difícilmente regresaremos a la manera como vivíamos en el reciente pasado.

Aparentemente nunca volverá a ser igual en diversos aspectos, el virus es sinónimo de desgracia, sufrimiento y dolor; y consecuencia de este miles de morelenses viven ya en peores condiciones de pobreza y miseria con respecto de la que ya padecían.

Hablar de la pandemia no sólo en Morelos, en todo el país y podríamos decir que en el mundo, es hablar de desempleo; muerte; hambre y tristeza en un porcentaje altísimo de la sociedad, y mire que ésta enfermedad no distinguió a nadie, le pega a todos los niveles y clases sociales.

Oficialmente y hasta la fecha en Morelos las cifras reflejan cerca de 900 muertos; en una amplia mayoría se trata de personas que traían ya enfermedades crónicas y degenerativas; diabetes, hipertensión, males del corazón, del hígado, obesidad y otras cosas que se han vuelto comunes.

Pero reiteramos, esas son las cifras oficiales, se tiene la percepción de que el alcance es mucho mayor, que bien pudiéramos triplicar esos números para acercarnos más o menos a la realidad; es decir que aquí en la tierra zapatista conservadoramente la cifra de fallecidos podría estar rondando los tres mil muertos, y quizás hasta nos quedemos cortos.

¿Son cifras maquilladas? no lo podríamos afirmar, sobre todo porque con el terror con el que se fue mostrando los efectos del COVID-19, la teoría o realidad, es que muchos prefieren no ir a los centros de atención médica donde se considera un área altamente peligrosa y podría haber contagio, una mayoría de las familias ha preferido dejar a sus enfermos en casa, sobre todo en los municipios y si se ponen mal pues sólo llegan a los hospitales casi a morir.

Hay municipios en los que el número de víctimas dadas por la autoridad en la materia es insignificante, comparado con lo que la población de esos lugares se ofrece. Los datos son demasiado disparados, si a nivel de sistema de salud se refiere que son 20 en el pueblo pueden ser fácilmente más de 100, eso ya lo vimos en comunidades como Xoxocotla donde el contagio se extendió rápidamente, ya que es un municipio donde hay una alta movilidad poblacional porque salen a trabajar.

Como ocurrió en los terremotos del 19 de septiembre de 1985 y de septiembre 2017, nunca o muy a la distancia podremos saber cuántos muertos generó esta enfermedad; porque reiteramos, la mayoría optó por terminar en el hogar antes que exponerse en algún hospital.

Y aunque logremos desterrar al virus; sus secuelas nos van a seguir por varios años más, particularmente en lo referente al aspecto económico y de crecimiento. De acuerdo con algunos especialistas en la materia, para lograr alcanzar el nivel de desarrollo que traíamos antes de la pandemia podrían pasar cinco o hasta diez años, dependiendo del esfuerzo que hagamos para recuperarnos.

Quienes por ahora hemos logrado estar a salvo debemos agradecerlo y cambiar nuestra manera de ser; o sea, corresponder a ese privilegio de estar vivos, con más solidaridad, bondad, apoyo para con los demás, no hacerlo hablaría mal de nosotros ¿No le parece?

TERREMOTO, SAQUEO, PANDEMIA, CRIMEN

*En Morelos ¿cómo resurgir de las cenizas?

El escenario que estamos viviendo en México como consecuencia de la pandemia es preocupante, los cálculos de los expertos indican que el país tendrá un decrecimiento de entre el 7 y 9 % anual durante el segundo trimestre del año, y quizás durante el que viene; es decir, en lugar de crecer daremos unos pasos hacia atrás.

Sin embargo, el caso Morelos parece más complicado aún, porque su economía y estabilidad han sido golpeados recientemente de manera inmisericorde, a partir del 2017 cuando un terremoto nos golpeó sin clemencia y causó dolor y muerte en miles de familias morelenses, además de la perdida de patrimonio y de muchas vidas.

Pero esa desgracia no fue la única, aún sobre el dolor de la gente la administración gubernamental estatal, entonces encabezada por el perredista Graco Ramírez Garrido, aprovechó la coyuntura de esta desgracia para desviar miles de millones de pesos, apoyos alimenticios y materiales; que llegaron de muchas partes del país y hasta del extranjero para utilizarlos en temas electorales, dejando a quienes enfrentaban el dolor de la pérdida en la indefensión.

Fue una etapa muy dura, porque además la delincuencia organizada seguía haciendo de las suyas y con la sospechosa complicidad del gobierno; secuestraban, asesinaban, extorsionaban a ciudadanos, empresarios, comerciantes y muchos negocios debieron cerrar por las amenazas o la imposibilidad de pagar fuertes cuotas por el cobro de piso.

La economía en lo general entró en una debilidad permanente, y el desempleo creció progresivamente porque los capitales de inversión no sólo no venían al estado, sino que buena parte de los que aquí tenían su inversión prefirieron huir para salvar lo poco que les quedaba.

Bajo tales circunstancias nuestra entidad ha venido mostrando un evidente rezago en comparación con el resto de los estados de la federación; es decir, la pobreza y marginación se han venido afianzando y profundizando y ahora nos enfrentamos a otro dilema del cual no sabemos en qué condiciones vamos a salir.

Los municipios, el estado y la federación en un trabajo coordinado no han logrado menguar los embates de los delincuentes; las víctimas fatales de los grupos mafiosos casi no decrecen, y tampoco los decesos por el coronavirus, son a veces decenas de vidas las que se presentan en una situación crítica, provocando temor, angustia y desesperación.

Morelos dejó de ser un territorio de privilegio y de avanzada desde hace ya muchos años; los tiempos de bonanza y de crecimiento parecen haber quedado en aquellos años de los 70´s y  80´s, sobre todo durante el gobierno de Lauro Ortega Martínez, cuando se pensaba en un futuro promisorio; había paz, armonía, seguridad, inversión, esperanza, hoy pareciera ser todo lo contrario; no tenemos idea de cómo será nuestro mañana.

Mucha incertidumbre se aprecia particularmente en lo que se refiere a las nuevas generaciones; el retroceso económico que lleva a la disminución de oportunidades de toda naturaleza, advierte de un panorama nada halagüeño para nuestros niños, jóvenes u adolescentes.

Más aún, la juventud en éste momento es la más golpeada por los delincuentes; la absoluta mayoría de las víctimas del crimen viene de éste sector social y aquellos que con mucho esfuerzo de sus padres buscan un futuro mejor a partir de la academia, tampoco tienen garantía de ello porque no hay espacios para un correcto espacio laboral, que ofrezca una remuneración al tamaño de sus conocimientos y sus esfuerzos.

Por todo lo anterior, es que consideramos que vienen tiempos aún más difíciles y que se tendrá que dar una enorme batalla para poder sacar al estado de las cenizas y la devastación en la que quedará después de todos éstos inconvenientes que nos ha tocado vivir.

Es incluso doloroso aceptarlo pero lo más prudente es que estemos preparados para una tarea titánica en la que requeriremos de la unidad y el trabajo de todos, lo malo es que vamos hacia una elección intermedia en la que lo común y recurrente es una lucha de todos contra todos, sin pensar el daño que le hacemos a Morelos.

DAÑOS, INCALCULABLES

*El 2020, un año para olvidar

La parálisis económica y social que estamos viviendo a consecuencia del COVID-19 dejará al país y a Morelos severamente lastimados; el pronóstico de expertos en materia financiera advierte un decrecimiento superior al 6 por ciento.

En nuestro estado pudiera ser superior a ese índice; porque ya veníamos padeciendo una sensible baja en el desarrollo económico y del Producto Interno Bruto (PIB), y dada la inseguridad galopante, la infraestructura muy castigada y el cierre de negocios como una constante, con lo que vivimos hoy ya imagina usted hasta dónde llegaríamos.

Por lo tanto el 2020 tendrá que ser un año para olvidar; habrá muy pocas cosas agradables para recordar, y acaso quienes logren salir avante de esta pandemia pudieran festejar el haberlo logrado.

Más allá de que la actividad económica y productiva se encuentre detenida, los pocos recursos presupuestales que éste año estaban orientados a paliar un poco las necesidades sociales en obra pública, mejora o apertura de nuevos servicios públicos o ampliación de infraestructura; no están siendo aplicados.

Es quizás el sector campesino en único que medio se mueve, porque hay que darle de comer a la población, pero igualmente en circunstancias bastante precarias; porque estamos dando un enorme salto hacia atrás, y para intentar el regreso no contamos con muchos instrumentos que digamos.

Si los prestadores de servicios, el turismo y la industria se encuentran en cierre casi total, el nivel de desempleo se está disparado; buena parte de quienes tenían un trabajo en esas actividades lo perderán, porque aún recuperando la movilidad la situación será tan precaria que la mayoría de los empleados ya no podrán regresar a su empleo.

Algo que después del desastre pudiera resultar mejor podría ser el sistema estatal y nacional de salud, porque para poder hacerle frente al coronavirus se vienen construyendo hospitales, adquiriendo equipos, ampliando pues la capacidad de atención, contratando personal, y una vez que esta desgracia toque fin algo mejor pudiera quedar en este sector en lo sucesivo.

Morelos está tan desmantelado desde hace años que no se ve cómo se pueda revertir el daño de la pandemia; ya el turismo se había ahuyentado, miles de negocios de toda índole cerrados por las amenazas de la delincuencia organizada por el cobro de derecho de piso, el presupuesto anual es simbólico frente a un acumulado rezago de necesidades populares.

Nos esperan tiempos difíciles de más pobreza, hambre y marginación; que requerirán de mucho esfuerzo y entrega de todos los sectores y de las autoridades en sus tres niveles de gobierno, quienes tampoco tendrán dinero para poder apoyar a todos los que vienen requiriendo apoyo.

Los mexicanos hemos sabido superar este tipo de inconvenientes en épocas anteriores; sin embargo, da tristeza decirlo pero el nacionalismo, la solidaridad y la bondad entre nosotros ha sufrido un terrible debilitamiento causado por la dupla de enemigos de la nación, los políticos corruptos y los delincuentes.

Entre ambos se han encargado de acabar con los valores, la decencia, el honor, la cohesión familiar y todo aquello que nos distinguía como país y nos daba fortaleza.

Actualmente, las condiciones no son tan favorables en ese sentido, así que habrá que echarle ganas y resurgir de las cenizas ¿No le parece?

CHINA, PRIMERA EN SUPERAR CONTINGENCIA

Salvo China que hace unos días superó la pandemia provocada por el coronavirus conocido como Covid-19, el resto del mundo sigue inmerso en un escenario incierto, en el caso de México estamos por entrar en la tercera etapa; que es cuando los contagios se disparan en aumento y se enfrentan las peores consecuencias sanitarias, la sugerencia es ajustarse a las instrucciones médicas de las autoridades de salud.

A medida que el número de personas que han dado positivo se eleva la población parece empezar a tomar conciencia y a mantenerse en sus hogares. Se menciona ya, después del fin de semana pasado, que el 60 por ciento de los mexicanos han dejado de salir a sitiotras concurridos, y acaso acuden a proveerse de insumos alimenticios para sus necesidades básicas.

Eso, en cuanto a la parte de salud se refiere, pero por lo que se puede ya valorar; pudiera ser el aspecto económico el que genere más consecuencias complicadas, sobre todo en el sector comercio, de prestación de servicios y del transporte.

En éste último rubro ya han surgido voces que advierten de una drástica reducción de ingresos, el presidente de la Federación Auténtica del Transporte en Morelos, Dagoberto Rivera Jaimes, hace una especie de apología de lo que se está viviendo y, lo más preocupante para los permisionarios, es que una buena parte de los empresarios tiene deudas con instituciones bancarias y su pregunta es ¿cómo le harán para continuar cubriendo esos compromisos, así sean sólo los intereses?

Pero lo más estresante es la situación de los operadores del volante; ellos no tienen prestaciones sociales en su mayor parte o su totalidad y tampoco seguro médico, ni garantía de permanencia en el empleo. Igual que los taxistas, la concesión es de unos -que casi siempre son pequeños empresarios que se han hecho de varias concesiones- y los choferes son los que manejan y entregan una cuota diaria al propietario de la unidad, lo que les queda después de juntar esa cantidad es para ellos y a veces no les queda nada, tiene que compensar los días malos con otros mejores y eso es lo que llevan a sus casas. Ahí sí que está complicado.

Pero, para donde volteamos a ver es lo mismo; la mayoría de los negocios pequeños y medianos está casi muriendo, no hay consumo, a menos que sean de insumos alimenticios o de higiene, de otra manera nadie se arrima, y los compromisos se multiplican.

Si tienen empleados está peor, hay que pensar en recorte de personal o en enviar a algunos de ellos a descansar, sin goce de salario.

¿Y cómo enfrentará la contingencia el trabajador? esa sigue siendo la interrogante, porque son demasiados los que viven al día y aguantar un mes o más sin ingresos es imposible, ellos son quienes aún considerando que podrían contagiarse siguen saliendo a buscar el pan de cada día, por eso es muy urgente que como se viene haciendo en otras naciones, entre ellas Estados Unidos, aquí en México también el gobierno ponga en marcha más programas de ayuda a la población en general.

Claro, nuestros vecinos del norte tienen posibilidades de destinar miles de millones de dólares para tal efecto; en nuestro país el mayor conflicto es que ya la mitad de la población vivía casi en la miseria. ¿Cómo poder enfrentar ésta contingencia?

Nos vienen tiempos muy estresantes; los daños que éste fenómeno tanto en lo que toca a pérdidas humanas como en el quebranto económico; ya lo decían ayer en la declaratoria de emergencia es impredecible, aunque podría durar hasta un año y medio para recuperarnos.

Y el coronavirus no distingue razas, estatus social, color, nacionalidad como lo dijo el vecino gobernador de Puebla; es parejo con todos y frente a él no existen privilegios, la mejor manera de enfrentarlo es respetar las reglas emitidas por las instituciones de salud, de otra manera, sufriremos mucho más las consecuencias.