INSEGURIDAD Y DELINCUENCIA

En la mayor parte del territorio nacional, Morelos incluido, el reclamo social más frecuente a las autoridades de cualquier nivel es por el incumplimiento de responsabilidades en lo que a la garantía de la seguridad de los ciudadanos se refiere.

El desempleo y el ingreso, que son otros temas muy preocupantes para los ciudadanos, dejaron de ser prioridad; ante el terrible escenario que vivimos en cuestión de delincuencia, en todas sus modalidades.

Las instancias gubernamentales siguen siendo incapaces de poder resolver gradualmente el tema. Habría que revisar quiénes son y dónde se encuentran aquellos funcionarios o «representantes populares» que de manera conjunta tienen la obligación de trabajar por la paz y no lo hacen, a pesar de que para ello reciben fuertes cantidades económicas.

Para poder entender por qué las cosas están cada vez peores hay que echarle un vistazo a nuestros «representantes» en los congresos locales; federales o en el propio Senado de la República, que se encargan de avalar o rechazar a los más altos funcionarios en esa materia.

Y, si usted logra recabar información de muchos de ellos, se encontrará con que buena parte de esos “representantes populares” son literalmente delincuentes, vividores de la política o perversos personajes que mediante discursos mareadores, esconden sus verdaderos apetitos de riqueza y ambiciones desmedidas. Se prestan incluso a las componendas y complicidades con las bandas más peligrosas del país.

Y para darse un poco de cuenta de lo anterior no necesita ir muy lejos; revise el pasado y los expedientes de buena parte de quienes se ostentan hoy como diputados o diputadas locales en el recinto legislativo.

No se esforzará mucho, para ver que muchos son consumados hampones, que en mal momento lograron escalar posiciones en los poderes públicos, y desde ahí sabotean cualquier esfuerzo gubernamental bien intencionado para combatir el crimen, y abonan en la ingobernabilidad y desestabilización política.

No son sólo cómplices de las mafias, no pocos surgieron desde dentro de las mismas, y su misión es jalar en sentido contrario a la tranquilidad y gobernabilidad de estado y el país, porque son beneficiados por la delincuencia.

Escuchaba una reflexión interesante sobre el tema, y en efecto, así lográramos un día elegir a algunos representantes públicos de buen corazón y con compromiso popular, desde la presidencia de la República poco o nada podrían hacer ante un estado de descomposición, que además alcanza a la propia sociedad en un buen porcentaje.

¿Unos cuantos hombres o mujeres con honestidad podrán convencernos de dejar de practicar actos de corrupción? porque el cáncer no sólo está en el gobierno; también está en el pueblo. Nos prestamos a dar mordidas para evitar infracciones, compramos productos piratas o cuando no robados que se venden en las calles al por mayor, buscamos cómo beneficiarnos abusando de los demás, en lugar de apoyar.

Vemos como pueblos y comunidades enteras apoyan el huachicol, a pesar de que es un acto de deshonestidad contra la nación; incluso en ciertas regiones del país hay un respaldo social a los delincuentes de toda naturaleza; capos consumados que están detrás de miles de asesinatos son aclamados.

En delitos como el feminicidio son las propias parejas las que cometen el mayor número de esos hechos violentos, o desde la propia familia se incumple con la responsabilidad de llevar a los hijos por el camino del bien.

Como se puede ver, la maldad y la corrupción está en todos los niveles y lugares, honestamente ¿cree usted que todos esos que son parte del mal que afecta a éste país se corregirán si llegara alguien que verdaderamente intentara corregir el rumbo?

Nuestro comportamiento colectivo es el que determina el rumbo, si no cambiamos desde el interior del hogar estamos acabados y ningún iluminado podrá mejorar la situación, porque es parte del mismo pueblo, de políticos perversos y autoridades omisas lo que nos tiene de rodillas.

Y sí, -aquí sostenemos que son más aquellos mexicanos trabajadores, honestos y cumplidores- que los delincuentes comunes o de cuello blanco; la diferencia es que ellos ejercen poder y control desde las instituciones, y nosotros estamos a merced de lo que hagan.