DELINCUENCIA; PARECÍA IMPARABLE

¿La pandemia venció?

Inmersos desde hace casi un año en la pandemia del coronavirus; el resto de los temas tradicionalmente permanentes en las noticias y la sociedad han quedado en segundo o tercer plano. Durante tres lustros o más -desde el inicio del desafortunado sexenio de Felipe Calderón- la delincuencia organizada era la que ocupan diariamente las principales notas en todos los medios de información tanto de Morelos como del país.

No es que hallamos superado aspectos largamente reclamados por la sociedad como el delito y la violencia; pero puede apreciarse un descenso en dicho aspecto, incluso nuestra entidad muestra menos incidencia de víctimas de los cárteles de la droga.

Aunque el asunto sigue ahí, pero por primera vez desde hace mucho tiempo, el virus tomó amplia ventaja en el aspecto informativo hasta llegar al exceso, y no se diga en los medios nacionales.

Desde luego que no es cosa menor; sobre todo en este momento que parece el más crítico de la pandemia, pero aún así se nos antoja ya una exageración porque pareciera que el propósito es continuar sembrando terror y miedo con el fin de que usted pierda fortaleza inmunológica por el desánimo.

Por mucho, y así como seguimos, las estadísticas derivadas de la pandemia superaran ampliamente el número de muertos a consecuencia de los delincuentes de alto impacto; sobrepasando igualmente los decesos por otras enfermedades como la diabetes, los paros cardiacos y lo que usted guste agregar.

Pero sí se tendría que aceptar que, quizás de manera muy lenta y gradual, la delincuencia organizada muestra signos de debilidad o disminución si comparamos estos momentos con aquellos tiempos en los que más de la mitad de las entidades de la República Mexicana estaban literalmente incendiadas por actos violentos, bloqueos carreteros, atentados a instituciones municipales, estatales y federales o atracos escandalosos como el guachicoleo en Guanajuato, Oaxaca, Puebla y Veracruz.

Michoacán, en zona de tierra caliente, el propio Guanajuato, Nuevo León, Sinaloa; por citar sólo unos cuantos estados eran intransitables y hoy no vemos ese grado de inestabilidad. Aquí en Morelos pasamos por épocas verdaderamente terribles; aparecían diariamente colgados, decapitados, descuartizados o secuestrados y eran auténticas masacres.

Hoy se dan sí, pero son hechos más esporádicos, y en otras partes del territorio nacional igualmente se ven menos acontecimientos desafortunados o relacionados con la delincuencia en comparación con un tiempo atrás.

Para nada está cumplida la tarea en ese ámbito; siguen cometiéndose sucesos lamentables, pero si hacemos comparaciones más allá del apasionamientos o tendencias políticas como que algo se ha evolucionado para bien.

Tristemente, ni lo notamos por tanto dolor que nos viene dejando a su paso el virus; ojalá que una vez que todo esto pase o por lo menos se controle vivamos una nueva realidad en materia de inseguridad y de delito.

México no merece un destino como éste que hemos visto a pesar de todo; la mayoría de nuestra gente es positiva, los malos y perversos siguen siendo menos; aún incluyendo a una pandilla de políticos desvergonzados.