Políticos de rapiña deben ser desterrados

el cuauh

Entre aquellos que buscan afanosamente ingresar a las nóminas oficiales o muchos que se aferran a mantenerse dentro, hay un sin fin que debieran ser echados por los ciudadanos este primero de julio, con su voto, porque han demostrado ser unos verdaderos rufianes.
Y no son exclusivos de un partido político, generalmente se trata de personajes que como los camaleones o las víboras, cambian de color de piel a cada rato.
Ejemplos sobran, ahí está como primer ejemplo el hoy alcalde de Jiutepec, Manolo Agüero Tovar, un sujeto que amparado en un cargo que le robó a Rafael Reyes en el 2015, convirtió la comuna en un negocio familiar. Buena parte del presupuesto público se lo viene llevando para una pandilla de vividores. Ahora quiere reelegirse, pues obviamente ya le gustó saquear a manos de llenas.
Aquí en la capital hay dos o tres igualmente mañosos, como en el caso del diputado local Julio Yáñez, quien dice ir como aspirante a la alcaldía capitalina y que tiene un negro historial de componendas y presuntos actos de corrupción.
También su compañero de curul, el panista Alberto Mojica Linares, quien en su momento fue exhibido por extorsión a presidentes municipales, condicionando apoyo en calidad de integrante de la Comisión de Hacienda, a compra de contratos de publicidad para una empresa de su familia.
Y qué decir del alcalde capitalino Cuauhtémoc Blanco y su manejador, José Manuel Sáenz, quienes por corruptos debieran de ser desterrados de la política, porque no tienen ninguna vocación de servicio a favor del sufrido ciudadano. Ojalá que el elector sepa distinguir entre esas aves de rapiña y quién les puede garantizar resultados, porque de otra manera la vamos a seguir sufriendo.