COMERCIANTES EN REBELDÍA

Se cumplieron ya dos meses a partir de que las autoridades federales de salud dispusieron del encierro domiciliario de los mexicanos a fin de evitar el contagio masivo del coronavirus COVID-19 y, por lo menos en lo que se refiere a Morelos, no tenemos fecha para el regreso progresivo a las calles y a las actividades de rutina.

El problema es que un importante sector de la sociedad, sobre todo quienes deben desarrollar actividades productivas o de comercio para lograr ingresos económicos, ya enfrentan serios problemas de sobrevivencia.

En particular quienes se dedican al comercio ambulante, semi fijos y el pequeño comercio, que tanto en Cuernavaca como en Cuautla y otras ciudades medianas, andan inquietos por los pagos de rentas y salarios a sus trabajadores, y amenazan con desobedecer los protocolos de salud y volver a salir a las calles a buscar “el pan de cada día”.

La queja de algunos líderes de comerciantes como los de las plazas Lido y Degollado en el centro de la capital del estado, así como aquellos vendedores cuya zona de actividad es la zona centro, y va en el sentido de que las instituciones gubernamentales no les han ofrecido alternativas, créditos a modo de apoyos, para poder soportar el encierro sin ingreso alguno.

En Cuautla pasa lo mismo, la mayoría del sector comercio advierte que no aguantará más y por necesidad; se arriesgarán a ser contagiados, pero no pueden permanecer inactivos porque sus escasos ahorros se han terminado, y esta situación “no tiene para cuando terminar”.

Y en mucho les asiste la razón, porque ni siquiera se ha logrado que las autoridades ofrezcan facilidades o por qué no, condonen por lo menos durante éstos meses de inactividad laboral y productiva el costo de los servicios básicos como luz, agua, impuestos tanto municipales como estatales o de hacienda federal para que no se acumulen sus deudas.

Y bueno, más bien algunos politiquillos de banqueta como el edil de Cuernavaca, Antonio Villalobos Adán, viene aprovechando la grave situación para entregar ayuda en despensas, que se afirman adquirió a sobre-precio, con productos con un costo máximo de 250 pesos y que él facturó en 384.

Lo anterior multiplicado por las 25 mil que dijo iba a repartir de manera inicial le habrían dejaron un moche de 3.3 millones de pesos; y no sólo eso, que más de la mitad las llevó a su casa o lugares de almacenamiento, porque las usará para regalar a cambio de votos para su campaña, porque ya anunció que busca la reelección.

Es decir, lejos de mostrar bondad y solidaridad con la gente que necesita un poco de alimento y otros apoyos, como buen “hijo o entenado del gobernador Graco Ramírez” -que abusó de los apoyos por el terremoto del 2017-, Villalobos hace lo propio usando el dinero público para su beneficio, a pesar del dolor humano.

Todo esto pone en rebeldía a quienes desde sus casas y atrincherados ven como algunas autoridades exhiben penosos actos de corrupción, desviando dinero público mientras ellos ya no tienen ni para el sustento de cada día.

Respecto a los comerciantes, la Secretaría de Desarrollo Económico y del Trabajo ha insistido en que existen diversos programas en calidad de líneas de crédito para ese sector; sin embargo, los inconformes consideran que, dadas las condiciones actuales y lo que viene, no tendrán fondos para pagar los préstamos y menos con intereses. Y eso en caso de que cuenten con los requisitos que es la entrega de la comprobación fiscal de al menos seis meses previos o de un bien inmueble que avale el pago.

Se tendría que hacer algo para evitar el desborde del comercio en los próximos días, porque pudieran complicarse aún más las cosas con el contagio por el COVID-19, que de por sí está muy delicado en Morelos. Lo que nos llevará mucho más tiempo para alcanzar el control de la enfermedad y por lo tanto el regreso a la «Nueva Normalidad», pero ahí sólo las autoridades tienen la palabra.