DESAPARICIONES… NIÑAS Y MUJERES

Vivimos en medio de una lucha sangrienta de cárteles y de grupos de la delincuencia organizada, que pelean por el dominio del territorio estatal o regional, como se demuestra con las múltiples ejecuciones que vemos semanalmente, pero que nos lleva a desapercibir otras modalidades de delito, que son igualmente preocupantes.

Con motivo del Día Internacional de la Niña, Susana Díaz Pineda, integrante del Centro de Derechos Humanos Digna Ochoa, dio a conocer algunos números referentes a la desaparición de mujeres y niñas; a partir de un recuento del presente año y que son alarmantes.

Las estadísticas que, aclaró, son conservadoras porque el número en algunos casos son cifras oficiales, pero poco confiables porque pueden ser maquilladas, indican que de enero del presente año a la fecha suman 253 desaparecidas; entre mujeres, niñas y adolescentes. Tan sólo en torno a las menores de edad, la Fiscalía General de Justicia de Morelos reconoce que se ha logrado localizar a 97, de 153.

Pero, ¿cuál es el origen, causa o fin de que se cometan esos delitos?. Lo que Díaz Pineda destaca es que la Fiscalía se justifica con el argumento de que esas desapariciones son producto de la violencia en la familia, por lo que toca a las menores de edad; no obstante que la mayoría de tales desapariciones corresponden a trata de personas, con terribles fines de explotación sexual.

Lo que estima la activista es que la cifra negra bien podría superar las 500 víctimas en estos primeros nueve meses del 2019, y ante los delitos relacionados con el enfrentamiento de grupos criminales como que poco se observa éste otro fenómeno tan grave. Recordemos que no hace muchos meses se registró una psicosis de jovencitas que aparentemente eran “levantadas” y subidas a camionetas por calles o avenidas de poco tránsito, y que unos dos o tres episodios quedaron grabados en cámaras de seguridad privada de casas o negocios cercanos del lugar del incidente.

Cuernavaca y Jiutepec encabezan las estadísticas con 25 hechos cada municipio, y las instancias competentes sólo dicen que todo se da al interior de episodios de violencia de familia.

El tema es por demás delicado, porque recordemos que en Morelos hay ocho municipios con Alerta de Violencia de Género y entre los actores de algunos casos de terribles acciones hay figuras públicas implicadas, porque es un negocio (la trata de personas) que deja miles de millones de pesos.

En Morelos 253 desaparecidas en lo que va del 2019, denuncian.

Quizás usted recuerde aquel escándalo que se suscitó cuando la periodista Lydia Cacho comenzó a hacer pública una investigación profunda, desarrollada sobre el escabroso asunto en Quintana Roo y que las jóvenes o niñas eran trasladadas hasta Estados Unidos. Reveló que como parte de esa perversa red aparecían personajes de la alta política mexicana, desde la misma presidencia de la República.

Se trata de una mafia perfectamente articulada, conformada por sujetos de diversos países del mundo, porque buena parte de la trata de personas va orientada a vender jovencitas a países del medio oriente, y para ello se cuenta con enlaces que son los responsables del traslado.

Luego de hacerse público este escándalo, Cacho recibió amenazas de muerte en más de una ocasión e intentaron eliminarla y fue víctima de un levantó que la llevó a la cárcel poblana.

Eran «peces muy gordos» los que figuraban en la lista negra donde destacaban empresarios connotados de Puebla y políticos, incluso ante el riesgo de perder la vida debió buscar asilo en el extranjero desde donde sigue jalando el hilo de la gruesa madeja de delincuentes, comunes y de cuello blanco.

Pues se entiende que parte de esas células incursionan esporádicamente en territorio morelense para perpetrar el secuestro de jóvenes y adolescentes, porque donde esos maleantes tienen mayor presencia es en estados del sureste de la República Mexicana, desde Chiapas, Veracruz, Quintana Roo y Puebla.

En el caso de Morelos, reiteramos, es algo de lo que poco se habla, pero lo que denunció Díaz Pineda da fe de que no escapamos de ello. Sin embargo, ni siquiera hay números confiables al respecto.