INSEGURIDAD

*¿Hacia las auto-defensas?

La ausencia de resultados en la prevención y la persecución del delito está llevando a que, quienes se sienten agredidos por los delincuentes, consideren la posibilidad de defenderse con los instrumentos que se tienen a la mano.

Ya se han visto recientemente intentos de linchamiento cuando los afectados han podido atrapar a los presuntos maleantes, y ello es porque no ven de las instancias gubernamentales «competentes» las acciones de contundencia que hagan que por lo menos haga ver que hacen el esfuerzo.

A decir de uno de los comerciantes del centro de Cuernavaca, en relación con el asesinato del joven Jonathan, vendedor de cacahuates hace apenas un día en la calle Guerrero, este suceso se debió a que se venía trabajando a fin de impedir que los criminales siguieran cobrando derecho de piso hasta a las vendedoras ambulantes que ofertan frutas y productos del campo en cantidades menores y que vienen de los pueblos a la capital.

Iván Contreras dijo: «somos entrones, nos defendemos y le entramos a los golpes, pero ahora vienen y nos matan con armas, por eso sí tenemos miedo», y sus expresiones son ya de exigencia y de desesperación, ante la grave situación de inseguridad y amenaza a la que se han llegado algunos comerciantes.

Habrá que ver en qué terminan estas investigaciones del caso, seguramente en nada, como ocurrió cuando asesinaron a dos líderes sindícales y de vendedores ambulantes también a un costado del Palacio de Gobierno, el ocho de mayo del año pasado.

Pero tomando en cuenta lo que dice Iván, pudiera ser que el alcalde de Cuernavaca, Antonio Villalobos Adán respondió al respecto puras ocurrencias. Es decir, que la muerte del comerciante de cacahuates se debió a rivalidades entre grupos antagónicos de vendedores; lo cual pareciera alejarse de la realidad, y en todo caso  nos parece más lógica la versión de Iván Contreras.

Pero, por encima de la polémica, el asunto es que la inseguridad es motivo de profundo malestar entre el gremio del comercio, y otros prestadores de servicios en la capital del estado.

Habría que ver cuál es la estrategia de trabajo de la Comisión Estatal de Seguridad (CES) en la prevención y la de la Fiscalía General de Justicia en a la persecución de los delincuentes denunciados; porque ya que se accione un arma de fuego en una de las calles más concurridas del centro y a una hora tan llena de gente porque fue poco antes de las ocho de la noche, es porque de plano no hay vigilancia.

Ya sabemos que los maleantes tienen la ventaja frente a los policías, actúan por sorpresa, pero tiene que haber en ambas dependencias -antes citadas- un trabajo de investigación, de inteligencia; sobre todo ahora que se pueden apoyar con instrumentos tecnológicos como las cámaras y hasta los drones.

Somo testigos de que sí hubo épocas en el pasado cuando se preparaban grupos de investigación, que si las circunstancias lo exigían se disfrazaban hasta de pandilleros y vagos para infiltrar las bandas delictivas, personalmente me tocó conocer a algunos de esos comandantes que decían cómo lograban atrapar a peligrosos sujetos por los rumbos de las colonias Carolina o Alta Vista.

Y para ello se arriesgaba el cuero, porque imagínese si llegaban a descubrir que eran polizontes, no vivían para contarlo; afortunadamente nunca se tuvo que contar una historia así.

A lo que queremos llegar es que debe haber un mapa muy preciso de cómo se mueven los enemigos del orden, cuántos son, dónde operan y dónde están sus refugios, quiénes son sus cabecillas.

Es lo mínimo que se debe pedir a las autoridades, porque pareciera que van dando palos de ciego y actuando a destiempo; cuando lo ideal es localizarlos e ir por ellos con todo, antes de que sigan sacrificando vidas. ¿No le parece?

Ya en Tres Marías el ayudante municipal ha advertido que estarían recurriendo hasta a grupos de auto-defensa, porque el presidente municipal de Huitzilac los tiene abandonados.

Esto pudiera generalizarse en otras partes de Morelos si las cosas no mejoran, ya hay zonas donde la población está dispuesta a hacer justicia por su propia mano, como sucedió hace un par de años en Tetela del volcán y Atlatlahucan; además de los municipios donde se sabe que hay grupos organizados de vecinos que hacen guardias.