EL FEMINICIDIO NO ES UNA MUERTE DIGNA

“Los festejos en torno a la muerte en México buscan no olvidar a quienes nos precedieron, y el respeto por la muerte nos debe servir para exigir una vida digna porque nadie debe ser privado violentamente del derecho a vivir.

“En estos días de tantas muertes cotidianas, no debemos olvidar a quienes les fue arrancada la vida por la violencia feminicida, eran rostros, cuerpos e historias que fueron cegadas cruelmente por quienes se sienten dueños del poder en las casas y en las calles”, expresaron los y las integrantes de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos (CIDHM) al instalar una ofrenda a las afueras del Tribunal Superior de Justicia.

Juliana García Quintanilla, representante de la organización, comentó que aún son muchos los casos de feminicidios que no se esclarecen, y otros se mantienen sin un dictado de sentencia y en los juicios donde se analizan este tipo de delitos no se fijan las sentencias que corresponden que van de los 40 años a 70 años de cárcel y fijan sanciones ridículas de 3 o 5  años de presión como delitos menores.

De acuerdo con el seguimiento que tiene el ONG en el primer semestre de 2020 en Morelos se documentaron 44 feminicidios, y los meses con una mayor cantidad de feminicidios fueron marzo con 10 y julio con 9, respectivamente.

Sobre los municipios donde mayor número de feminicidios se han cometido se menciona Cuernavaca 11, Temixco 6, Amacuzac Tlaltizapán y Jiutepec con 3 cada uno. Tres de los territorios que cuentan con alerta de género y que conforman la zona urbana más poblada de la entidad.

Del 10 de agosto de 2015 al 31 de julio de 2020, es decir los últimos cinco años, la CIDHM ha documentado 430 feminicidios, con una tendencia en aumento cada año, hasta este 2020 cuando se prevé un leve descenso seguramente por el confinamiento.

De agosto a diciembre de 2015 se reportaron 27, durante 2016 los casos se elevaron a 97, en 2017 ocurrieron 74, en 2018 fueron 88 y en 2019 documentamos 100, y en 2020 de enero a julio se han documentado 44.

El rango de edad de las mujeres asesinadas fluctuó entre las horas de nacida hasta los 94 años;  aunque se observó que por rango de edad las mujeres asesinadas en mayor número se encuentran entre los 21 a 30 años con 234 casos, seguido de la categoría de entre 31 a 49 con 164 feminicidios.

Los feminicidios han ocurrido en todo el estado; pero sólo 8 municipios tienen Alerta de Violencia de Género (AVG) y los de mayor número de casos son: Cuernavaca 217, Jiutepec 98, Temixco 83, Cuautla 63, Yautepec 60, Xochitepec 48, Emiliano Zapata 47, Puente de Ixtla 42, Jojutla 36 y Tepoztlán 35.

De los 8 Municipios con Declaratoria de AVG en Morelos, tan sólo 5 entregaron informes sobre el cumplimiento de las acciones que se ha recomendado que se realicen, ya que Cuautla, Yautepec y Jiutepec no reportaron nada.

“En Morelos no se ha eliminado el feminicidio”, advirtieron, y el recuento de los casos es de un mil 235 en casi 20 años. Recordando que cuando se hizo la solicitud de Alerta de Violencia de Género se habían documentado 530 casos en 13 años, y ahora en 5 años hemos documentado 430 y 44 feminicidios en lo que va del presente año. 

Esta realidad lastima profundamente los derechos de las mujeres y vulnera su derecho a una vida libre de violencia, lamentablemente vemos como las medidas emergentes, las reacciones son lentas y discontinuas, y no hay una respuesta institucional adecuada.

LAS JORNADAS MIRABAL

Caminatas contra violencia a niñas y jovencitas

Ante una audiencia de niñas, adolescentes y jovencitas, el gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco Bravo, inauguró ayer las “Jornadas Mirabal”; una acción más, que busca reducir los altos índices de violencia contra el sexo femenino de todas las edades.

Desde luego que cualquier esfuerzo en esta materia debe ser aplaudido; sin embargo, la causa y origen de esos repugnantes hechos que se siguen repitiendo y van en aumento, en una mayor proporción, están fuera del alcance de las autoridades en sus tres niveles de gobierno (municipal, estatal y federal) e incluso de poderes como el Legislativo, que ha ido aumentando el rigor de los castigos.

No hay ley que resuelva tan abominable conducta si desde el interior de la sociedad y de la familia no hay cambios en la conducta de los varones, y por qué no admitirlo, de algunas mujeres que abonan en actitudes agresivas.

Como en muchas otras cosas que padecemos en la sociedad de este país, somos los ciudadanos quienes tenemos el remedio, pero buscamos culpables para no reconocer que estamos mal, estamos educando mal a nuestros hijos e hijas.

Como parte del pueblo, personalmente doy testimonio del mal comportamiento de un altísimo índice de padres y madres que con su manera de ser alimentan el mal trato, desprecio e insulto a sus propios hijos e hijas.

Para muchos, es normal que los fines de semana -si no es que más frecuentemente- para ver algún encuentro de su equipo favorito el papá se reúna con compadres, amigos, invitados; dando rienda suelta al consumo de bebidas embriagantes y ya en pandilla, cual rufianes, aparecerán las malas expresiones, groserías, en general, un vocabulario grotesco, delante de la esposa e hijos.

Bueno, hasta son los menores quienes suelen ir por más botana y cerveza para los televidentes, que bien pueden acabar borrachos y maltratando a toda la familia, y eso en el mejor de los casos, porque no se descarta que ya sin la conciencia en pleno, vengan los golpes o abusos.

Eso sí, si el chamaco le pide a su progenitor que le compre útiles escolares, ropa, zapatos o dinero para la escuela, para eso no hay dinero suficiente e igual y es hasta insultado por su atrevimiento.

En muchos aspectos, es ahí en el hogar donde nace la violencia, la agresión e insultos; se va cultivando una manera de pensar y de ser, de dominio del hombre contra la mujer, y una vez adolescentes o adultos, para todos es común y normal violentar las garantías de ellas. Y ellas a veces hasta lo aceptan como destino o lo normalizan viendo programas televisivos o ahora en internet, que reproducen esa violencia y las denigran.

Ahora que, si a lo anterior le agrega usted el incremento en el consumo de toda clase de drogas; pues el resultado es un monstruo sin valores ni el mínimo respeto por la vida de los demás, y de ello tenemos ejemplos casi a diario en los reportes informativos.

Entonces, exijamos a las autoridades cumplir con la parte que les corresponde en este sentido, pero ¿y nosotros, desde el hogar, cuando lo vamos a hacer? Usted tiene la palabra o seguiremos peor.

DESAPARICIONES… NIÑAS Y MUJERES

Vivimos en medio de una lucha sangrienta de cárteles y de grupos de la delincuencia organizada, que pelean por el dominio del territorio estatal o regional, como se demuestra con las múltiples ejecuciones que vemos semanalmente, pero que nos lleva a desapercibir otras modalidades de delito, que son igualmente preocupantes.

Con motivo del Día Internacional de la Niña, Susana Díaz Pineda, integrante del Centro de Derechos Humanos Digna Ochoa, dio a conocer algunos números referentes a la desaparición de mujeres y niñas; a partir de un recuento del presente año y que son alarmantes.

Las estadísticas que, aclaró, son conservadoras porque el número en algunos casos son cifras oficiales, pero poco confiables porque pueden ser maquilladas, indican que de enero del presente año a la fecha suman 253 desaparecidas; entre mujeres, niñas y adolescentes. Tan sólo en torno a las menores de edad, la Fiscalía General de Justicia de Morelos reconoce que se ha logrado localizar a 97, de 153.

Pero, ¿cuál es el origen, causa o fin de que se cometan esos delitos?. Lo que Díaz Pineda destaca es que la Fiscalía se justifica con el argumento de que esas desapariciones son producto de la violencia en la familia, por lo que toca a las menores de edad; no obstante que la mayoría de tales desapariciones corresponden a trata de personas, con terribles fines de explotación sexual.

Lo que estima la activista es que la cifra negra bien podría superar las 500 víctimas en estos primeros nueve meses del 2019, y ante los delitos relacionados con el enfrentamiento de grupos criminales como que poco se observa éste otro fenómeno tan grave. Recordemos que no hace muchos meses se registró una psicosis de jovencitas que aparentemente eran “levantadas” y subidas a camionetas por calles o avenidas de poco tránsito, y que unos dos o tres episodios quedaron grabados en cámaras de seguridad privada de casas o negocios cercanos del lugar del incidente.

Cuernavaca y Jiutepec encabezan las estadísticas con 25 hechos cada municipio, y las instancias competentes sólo dicen que todo se da al interior de episodios de violencia de familia.

El tema es por demás delicado, porque recordemos que en Morelos hay ocho municipios con Alerta de Violencia de Género y entre los actores de algunos casos de terribles acciones hay figuras públicas implicadas, porque es un negocio (la trata de personas) que deja miles de millones de pesos.

En Morelos 253 desaparecidas en lo que va del 2019, denuncian.

Quizás usted recuerde aquel escándalo que se suscitó cuando la periodista Lydia Cacho comenzó a hacer pública una investigación profunda, desarrollada sobre el escabroso asunto en Quintana Roo y que las jóvenes o niñas eran trasladadas hasta Estados Unidos. Reveló que como parte de esa perversa red aparecían personajes de la alta política mexicana, desde la misma presidencia de la República.

Se trata de una mafia perfectamente articulada, conformada por sujetos de diversos países del mundo, porque buena parte de la trata de personas va orientada a vender jovencitas a países del medio oriente, y para ello se cuenta con enlaces que son los responsables del traslado.

Luego de hacerse público este escándalo, Cacho recibió amenazas de muerte en más de una ocasión e intentaron eliminarla y fue víctima de un levantó que la llevó a la cárcel poblana.

Eran «peces muy gordos» los que figuraban en la lista negra donde destacaban empresarios connotados de Puebla y políticos, incluso ante el riesgo de perder la vida debió buscar asilo en el extranjero desde donde sigue jalando el hilo de la gruesa madeja de delincuentes, comunes y de cuello blanco.

Pues se entiende que parte de esas células incursionan esporádicamente en territorio morelense para perpetrar el secuestro de jóvenes y adolescentes, porque donde esos maleantes tienen mayor presencia es en estados del sureste de la República Mexicana, desde Chiapas, Veracruz, Quintana Roo y Puebla.

En el caso de Morelos, reiteramos, es algo de lo que poco se habla, pero lo que denunció Díaz Pineda da fe de que no escapamos de ello. Sin embargo, ni siquiera hay números confiables al respecto.