INSEGURIDAD: YA ES TIEMPO

Hace unas semanas se nos informó del adiestramiento de menores de edad para el uso de armas en algunas comunidades del vecino estado de Guerrero, algo realmente penoso.

Ahora se nos dice que el gobierno de esa entidad, en acuerdo con los pueblos, decidió desarmarlos. ¡Qué bueno!, sin embargo es muy triste ver hasta dónde estamos llegando como nación para poder protegernos de los delincuentes; ante la incapacidad de las autoridad para hacerlo.

Y mire que esos «servidores públicos» cobran fortunas por un nulo desempeño, porque en la realidad no se ve mejora alguna en el avance de los grupos delictivos que azotan algunas zonas del país.

Cierto que las mafias nacionales crecieron como hongos en todas partes con la complicidad de quienes se supone están ahí para defendernos, y esto viene de unos 30 años a la fecha, no es nuevo, pero como que ya va siendo tiempo de que los actuales responsables de recuperar la paz en México comiencen a cambiar los escenarios, o de otra manera asumiríamos que igual que sus antecesores se han contaminado y optaron como siempre por el negocio.

La descomposición en tal sentido y en muchos otros es terrible, pero aún así, luego de más de un año en el ejercicio del poder tenemos como mexicanos que empezar a pedir cuentas.

Como que los criminales siguen poniendo de rodillas a las instituciones, y no es lo que se esperaba del naciente gobierno.

Ya para que algunos pueblos tomen decisiones como la de adiestrar a sus niños en el manejo de armas; es porque se sienten en total indefensión, y ello muestra que la delincuencia organizada no tiene freno, ni temor a las instancias oficiales.

Morelos no escapa a tan terrible situación, el nivel de violencia es alto y aún no se aprecia que la Guardia Nacional genere baja en los asesinatos, y particularmente los feminicidios se han disparado.

Claro, no todo es culpa oficial. ¿Qué hacemos como padres y madres de familia para procrear hijos honestos, responsables y de bien? Pareciera que muchos nada, y son parte de este problema, ¿o no?