Congreso, todos contra todos ¡A qué hemos llegado!

Es increíble el grado de irresponsabilidad con el que se vienen manejando la mayoría de los legisladores locales.

En medio de una absoluta ausencia de armonía, siguen siendo incapaces de generar acuerdos internos a largo plazo.

Lo que hoy deciden pueden desconocerlo mañana; todo parece depender del humor con el que se levanten y, desde luego, de sus intereses de grupo o personales.

El caso es que un buen número de diputados han tenido que recurrir al amparo a fin de conservar sus posiciones, ya sea en comisiones u órganos internos de la cámara, por la lucha interna de grupos que se vive.

La diputada priista Rosalina Nazarí Espín, recurrió a ese recurso legal para evitar ser removida de la presidencia de la Comisión de Hacienda.

José de Jesús Sotelo Martínez, originalmente de Morena y luego del PT, de la presidencia de la Mesa Directiva; Marcos Zapotitla, también de Morena pero de origen indígena, también recurrió a ello para impedir lo propio para no ser removido de diversas comisiones, y así podríamos seguir con otros nombres.

Los señores y señoras diputados no están a la altura de su tiempo, menos de lo que ofrecieron a sus «representados» en campaña.

Verdaderamente no les importa exhibirse como viles delincuentes, que como sus antecesores en el cargo, venían parece que sólo `a salir de pobres´ con base en el presupuesto del Congreso, que es dinero del pueblo.

Pero en medio del cinismo, la prepotencia y la soberbia, hasta se creen importantes y tratan al pueblo con desprecio.

Desde luego que hay excepciones, pero son contadas, porque en lo general domina la ignorancia y las ambiciones sin límite.

En cerca de siete meses de ejercicio legislativo, si le podemos llamar así a lo que hacen, destrozaron su propia imagen, y parecen no darse cuenta o quizás no les interesa.

Así como van el 90 por ciento de esa asamblea terminará innelegible para cualquier otro cargo de representación en el futuro cercano. Terminarán tan apestados como sus antecesores.

Aunque, todavía tenemos la esperanza de que recapaciten y se pongan a trabajar en los poco más de dos años que les quedan. Nos cuestan mucho dinero y lujos como para seguirlos aguantando, ¿no le parece?

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