Algo se tendrá que hacer Coraje, miedo, impotencia frente al proceso electoral.

La ambición desmedida con la que se han conducido los políticos en los tiempos recientes; ha propiciado un hartazgo e irritación popular sin precedentes, y los partidos políticos, por la deshonestidad de sus cuadros, adolecen de credibilidad.
Al interior de amplios sectores populares priva la desolación, hay coraje e impotencia por el grado de cinismo y descaro de quienes desde las «representaciones» o cargos públicos cometen toda clase de abusos y atropellos a los intereses colectivos.
De forma paralela hay también temor, porque desde los espacios del ejercicio del poder se echa mano de cualquier acción de fuerza, amenaza o condicionamiento contra todo aquel que se oponga a los intereses políticos de grupos y «mafias» de politiquillos de tercera que se sienten intocables e impunes en sus trapacerías cometidas.
La corrupción no encuentra límites, a pesar de que cada día son más los mexicanos en condiciones de miseria y pobreza extrema. Ante todo lo anterior, priva la esperanza de que algo se tendrá que hacer en todo lo que tiene que ver con robo del dinero público, inseguridad de alto impacto, desempleo y aquellas cosas que lastiman al pueblo desde hace mucho, y que a ninguno de quienes nos gobiernan parece importar.
Los candidatos presidenciales están confrontados y dedicados al show mediático, lo vimos en el reciente debate de los presidenciables, cuando se dedicaron más a los ataques personales que a propuestas viables para intentar solución a los grandes problemas nacionales.
No se puede seguir viviendo así, o alguien le pone el cascabel al gato, castigando a los políticos ratas, que casi son todos, o las cosas entrarán a un ambiente de ingobernabilidad, la tolerancia se agota y esos vividores vienen jugando con lumbre, por lo cual seguro se van a chamuscar.

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