De verdad, nos merecemos más…

Cuernavaca es una ciudad famosa a nivel mundial no sólo por ser citada en innumerables libros de grandes autores por su belleza, eclecticismo y excelente clima; sino también porque ha sido lugar elegido por muchos personajes destacados para avecindarse.
Tenemos el caso de pintores como Rufino Tamayo, David Alfaro Siqueiros y más recientemente Rafael Cauduro; así como por escritores como Ricardo Garibay y Elena Garro además de otros artistas que viven y han vivido hasta sus últimos días en esta ciudad de clima tan placentero.
Es una ciudad que te acoge sin dejar de tener un aire provinciano, pero que tiene ya una actividad a ratos febril que se asemeja a la CDMX, pero que se conserva sin entrar a la fiera competencia y el estrés citadino. En resumen es un buen lugar para vivir, donde se puede conservar una calidad de vida aceptable.
Sin embargo, desde hace varios años los que transitamos por Cuernavaca, vemos cada vez más deteriorada esa belleza y armonía que se vivía hace apenas unos 10 o 15 años. Esto se debe, sin duda, al descuido de las autoridades que recientemente han pasado por la capital morelense.
La experiencia más reciente fue la elección del alcalde que gobierna desde hace casi tres años, Cuauhtémoc Blanco Bravo, quien en lo que va de su administración prácticamente no ha hecho nada bueno o destacable, y que sin duda se encuentra muy por arriba de sus contrincantes en las encuestas para la gubernatura.
Desde el 2015 cuando fue electo en una cerrada contienda que dividió el voto entre el PSD que lo postuló, el PRI, PAN, PRD y Morena; pero con un amplio margen que no dejaba duda al triunfo, no se ha visto un cambio en su forma de gobierno y mucho menos trascendente.
Sigue existiendo una nómina abultada en los altos cargos como la invención de la secretaría técnica creada para su tutor, y gastos excesivos de representación.
Vemos problemas que permanecen y nos afectan como la recolección de basura y ni qué decir del barrido manual, la distribución de agua, los laudos laborales pendientes, deudas con proveedores tan importantes como la Comisión Federal de Electricidad (CFE), el Instituto de Crédito de los Trabajadores y conflictos que no se han solucionado, como son la demanda millonaria de la empresa Pasa por la concesión de basura que se incumplió por una promesa de campaña del ex alcalde Manuel Martínez, y que se ha convertido en un adeudo impagable.
Cuernavaca no merece eso, el Ayuntamiento y el Sistema de Agua Potable están repletos de trabajadores que no trabajan y sólo cobran, y a pesar de tener en la Tesorería al ex Secretario de Finanzas del estado en los sexenios panistas, «un verdadero especialista” en el buen y mal manejo de los dineros públicos, y no se ha podido salir del problema, con el consecuente deterioro de la ciudad y sus servicios.
Los pocos cambios o arreglos que se han visto son financiados por programas de obra federal, que ha gestionado el estado o que dejó avanzados en trámite su antecesor.
Hace poco el nuevo dirigente nacional del PAN, David Zepeda, dijo en el registro de su candidato a la alcaldía de Cuernavaca, Javier Bolaños, que los cuernavaquenses no merecemos un gobierno comprado sino uno capaz e inteligente con una propuesta sólida. Yo agregaría que no sólo Cuernavaca, sino que eso lo queremos y necesitamos todos los morelenses.

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